La transformación que necesitan las PyMEs para entrar a las cadenas globales
Por Víctor Ruiz, fundador de SILIKN, CyberOps Associate (CCNA CyberOps), Instructor Certificado en Ciberseguridad (CSCT™), NIST Cybersecurity Framework 2.0 Certified Expert (CSFE), (ISC)² Certified in Cybersecurity℠ (CC), EC-Council Ethical Hacking Essentials (EHE) Certified, EC-Council Certified Cybersecurity Technician (CCT), Ethical Hacking Certified Associate (EHCA), Cisco Ethical Hacker & Cisco Cybersecurity Analyst, Coordinador de la Subcomisión de Ciberseguridad de COPARMEX Querétaro y Líder del Capítulo Querétaro de la Fundación OWASP.
Durante décadas, las pequeñas y medianas empresas mexicanas construyeron su competitividad sobre una fórmula relativamente sencilla: producir con calidad, entregar a tiempo y ofrecer costos atractivos. Hoy esa ecuación ha cambiado. La llegada del nearshoring no sólo está reconfigurando las cadenas globales de suministro; también está elevando el estándar para quienes aspiran a convertirse en proveedores de las grandes industrias que están trasladando operaciones hacia México.
El fenómeno ocurre en un momento de profundas transformaciones geopolíticas. Estados Unidos busca reducir su dependencia de proveedores asiáticos, particularmente en sectores considerados estratégicos como los semiconductores, la manufactura avanzada, la electrónica, la industria aeroespacial y la defensa. Al mismo tiempo, el endurecimiento de las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) impulsa una mayor integración regional y abre espacios para que empresas mexicanas sustituyan importaciones que anteriormente provenían de Asia.
La oportunidad es evidente, pero también lo son las nuevas exigencias.
Las grandes corporaciones ya no seleccionan proveedores únicamente por capacidad instalada o precio. Hoy evalúan aspectos que hasta hace pocos años parecían ajenos a muchas PyMEs: continuidad operativa, administración de riesgos, documentación de procesos, protección de la propiedad intelectual, trazabilidad, cumplimiento regulatorio y capacidad para responder ante incidentes tecnológicos.
En otras palabras, la confianza se ha convertido en una ventaja competitiva.
Ese cambio explica por qué la ciberseguridad dejó de ser un tema reservado para especialistas en tecnologías de la información y comenzó a formar parte de la agenda de los consejos directivos. Las empresas que participan en cadenas globales de suministro necesitan demostrar que pueden proteger información estratégica, evitar interrupciones operativas y garantizar que los datos de sus clientes permanecerán seguros.
En este contexto, uno de los referentes internacionales más utilizados es el marco desarrollado por el National Institute of Standards and Technology (NIST), empleado por organizaciones de todo el mundo para fortalecer la gestión de riesgos y la seguridad de la información. En industrias vinculadas con defensa, electrónica, manufactura avanzada y semiconductores, sus lineamientos se han convertido en un elemento de referencia para evaluar la preparación de nuevos proveedores.
Para las pequeñas y medianas empresas mexicanas esto representa un cambio de paradigma. Ya no basta con fabricar bien; ahora es indispensable demostrar que la organización cuenta con procesos documentados, controles internos, políticas de seguridad y capacidad para responder frente a amenazas digitales. La competitividad comienza a medirse también por el nivel de preparación institucional de cada empresa.
Querétaro parte con una ventaja importante en esta nueva etapa. El estado ha consolidado uno de los ecosistemas industriales más robustos del país, con una fuerte presencia de empresas aeroespaciales, automotrices, centros de investigación, universidades, parques industriales y proveedores especializados. Sin embargo, especialistas advierten que el verdadero reto consiste en lograr que un mayor número de PyMEs locales pueda integrarse a esas cadenas de valor y no permanecer únicamente como espectadoras del crecimiento económico.
Es precisamente sobre esa necesidad donde diversas organizaciones han comenzado a desarrollar programas orientados al fortalecimiento empresarial. Una de ellas es SILIKN, que impulsa en Querétaro una estrategia de capacitación, diagnóstico y consultoría enfocada en preparar a las PyMEs para responder a los nuevos requisitos del mercado internacional.
La propuesta parte de un enfoque distinto al que tradicionalmente acompaña las conversaciones sobre ciberseguridad. En lugar de concentrarse en normas técnicas o soluciones tecnológicas, las iniciativas buscan responder preguntas que preocupan directamente a los empresarios: ¿qué necesita una empresa para convertirse en proveedor de una compañía internacional?, ¿qué aspectos evalúan los clientes antes de firmar un contrato?, ¿cómo puede una organización prepararse para competir en mercados donde la confianza pesa tanto como el precio?
A partir de esas interrogantes, SILIKN desarrolla distintas líneas de trabajo que incluyen diagnósticos de madurez organizacional, programas de capacitación, talleres de autoevaluación y procesos de acompañamiento para que las empresas identifiquen brechas en materia de gestión, seguridad de la información y continuidad operativa.
Uno de los ejercicios más relevantes consiste en que los propios empresarios evalúen aspectos fundamentales de su organización: desde el control de activos tecnológicos y los mecanismos de respaldo de información hasta la existencia de protocolos frente a un ataque de ransomware o la capacidad para responder a una auditoría solicitada por un cliente internacional. El objetivo no es emitir una certificación inmediata, sino ofrecer una radiografía que permita establecer prioridades y construir un plan de mejora.
La metodología continúa con rutas graduales de fortalecimiento organizacional. En lugar de plantear proyectos complejos o inversiones difíciles de asumir para una PyME, el modelo propone avanzar mediante etapas sucesivas que incluyen diagnóstico, planeación, desarrollo de políticas internas, capacitación del personal, implementación de controles y seguimiento permanente. La lógica es sencilla: construir capacidades de manera progresiva resulta más efectivo que intentar transformar una organización de un solo golpe.
Los casos prácticos forman parte esencial de este proceso. A través de ejemplos basados en situaciones reales, las empresas pueden visualizar cómo una organización pasa de operar con procesos informales a establecer modelos de gestión capaces de soportar auditorías, reducir riesgos y generar confianza frente a clientes nacionales e internacionales.
Pero quizá el cambio más importante no reside en la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas, sino en la forma de entender la competitividad. Durante años, muchas empresas apostaron por diferenciarse mediante costos o capacidad de producción. Hoy, las cadenas globales de suministro premian también a quienes pueden demostrar resiliencia, transparencia, cumplimiento y capacidad de respuesta.
En ese escenario, la confianza deja de ser un atributo intangible para convertirse en un requisito de negocio. Las organizaciones que logren construirla estarán en mejores condiciones para integrarse a proyectos de mayor valor agregado y establecer relaciones comerciales de largo plazo con empresas que operan bajo estándares internacionales.
Las iniciativas que actualmente desarrolla SILIKN responden precisamente a esa transformación. Más que promover la adopción de un estándar específico, buscan fortalecer la preparación integral de las PyMEs para competir en un entorno donde el acceso a los mercados internacionales dependerá cada vez menos del costo de producir y cada vez más de la capacidad de demostrar que una empresa está lista para formar parte de cadenas globales de suministro confiables, resilientes y seguras.
Porque, al final, el nearshoring no sólo está trasladando fábricas. También está redefiniendo el perfil de las empresas que podrán participar en la nueva economía industrial de Norteamérica.
Para más información, visite: https://www.silikn.net/
