La gran omisión del Segundo Informe: la ciberseguridad




Por Víctor Ruiz, fundador de SILIKN, CyberOps Associate (CCNA CyberOps), CompTIA Security+ ce Certification, Instructor Certificado en Ciberseguridad (CSCT™), NIST Cybersecurity Framework 2.0 Certified Expert (CSFE), (ISC)² Certified in Cybersecurity℠ (CC), EC-Council Ethical Hacking Essentials (EHE) Certified, EC-Council Certified Cybersecurity Technician (CCT), Ethical Hacking Certified Associate (EHCA), Cisco Ethical Hacker & Cisco Cybersecurity Analyst, Coordinador de la Subcomisión de Ciberseguridad de COPARMEX Querétaro y Líder del Capítulo Querétaro de la Fundación OWASP.

Hay una ausencia que resulta difícil de explicar en el Segundo Informe de Gobierno de Claudia Sheinbaum: mientras México presume avances en soberanía tecnológica, innovación, semiconductores, satélites, digitalización y supercomputación, prácticamente no habla de cómo pretende proteger todo ese patrimonio digital.

La ciberseguridad prácticamente desapareció del discurso.

Y en 2026 esto ya no puede considerarse una simple omisión. Es una señal preocupante de que la seguridad digital continúa sin ocupar el lugar estratégico que debería tener en la agenda nacional.

México está digitalizando al Estado, pero no parece estar comunicando que sus capacidades para defenderlo estén creciendo al mismo ritmo. Se anuncian nuevas plataformas, sistemas, bases de datos e infraestructura tecnológica como sinónimo de progreso, cuando la realidad es mucho más compleja.

Cada nuevo sistema digital es también una nueva superficie de ataque. Cada base de datos es un objetivo. Cada plataforma gubernamental puede convertirse en una puerta de entrada. Y cada infraestructura estratégica puede ser blanco de espionaje, sabotaje, extorsión o interrupción.

Digitalizar sin proteger es ampliar el territorio que un atacante puede intentar conquistar.

La contradicción es evidente. El Gobierno Federal habla de “innovación soberana”, pero poco habla de ciberdefensa soberana.

¿De qué sirve desarrollar tecnología mexicana si no tenemos la capacidad de protegerla? ¿De qué sirve diseñar semiconductores, desarrollar satélites o construir una supercomputadora si no sabemos cómo serán protegidos frente al espionaje, sabotaje o intrusión? ¿De qué sirve digitalizar los servicios públicos si la seguridad no avanza al mismo ritmo?

La respuesta es incómoda: no existe soberanía tecnológica sin ciberseguridad.
El gobierno ya no está en etapa de prometer

El calendario hace todavía más preocupante esta ausencia.

Estamos en septiembre de 2026. El Gobierno Federal presentó el Plan Nacional de Ciberseguridad 2025–2030 y colocó a la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones como uno de los actores centrales de esta agenda.

Para estas fechas ya deberíamos estar viendo resultados.

Pero después del Segundo Informe seguimos esperando algo elemental: evidencia.

¿Dónde están los indicadores de cumplimiento? ¿Cuántas dependencias han fortalecido sus capacidades? ¿Cuántos sistemas críticos han sido evaluados? ¿Cuántas instituciones cuentan con capacidades efectivas de detección y respuesta? ¿Cuánto se ha invertido? ¿Qué mecanismos de coordinación están funcionando?

Y, sobre todo, ¿es hoy México más resiliente frente a una amenaza cibernética que cuando comenzó esta administración?

El Segundo Informe no ofrece respuestas suficientemente claras.

Un plan nacional de ciberseguridad no debe evaluarse por la calidad de su redacción ni por el acto en el que fue presentado. Debe evaluarse por las capacidades que deja instaladas.
La amenaza ya está aquí

Los ciberdelincuentes no trabajan con calendarios sexenales. No esperan presupuestos, reformas ni el siguiente informe presidencial. Atacan cuando encuentran una vulnerabilidad.


Y los incidentes registrados durante agosto lo demuestran: se contabilizaron 29 eventos relacionados con ciberseguridad en México, incluidos ataques contra instituciones educativas, organismos gubernamentales y empresas, además de filtraciones y exposición de información.

El sector educativo fue uno de los principales afectados, mientras que el sector gubernamental registró incidentes relacionados con filtraciones de bases de datos y credenciales expuestas. También se reportaron ataques de ransomware contra empresas y eventos vinculados con la comercialización de información y la extracción de datos relacionados con servicios gubernamentales.

La amenaza no es hipotética. Ya está aquí.

Por eso resulta preocupante que la ciberseguridad continúe ocupando un lugar marginal en la narrativa gubernamental.
La verdadera prueba será el día del ataque

El Gobierno puede anunciar todos los proyectos tecnológicos que quiera. Puede hablar de soberanía, innovación y transformación digital.

Pero la verdadera prueba de la soberanía tecnológica mexicana no estará en una ceremonia.

Estará el día en que un cibercriminal o un adversario patrocinado por un Estado intente comprometer una infraestructura estratégica.

Ese día no importará cuántos proyectos fueron anunciados. Importará si México puede resistir, detectar, responder, contener y recuperar.

Eso es ciberseguridad. Eso es resiliencia. Eso es soberanía digital.

México está construyendo una enorme casa digital: nuevas plataformas, redes, bases de datos y servicios. Pero cuando preguntamos dónde están las alarmas, los extintores, las salidas de emergencia y los protocolos para responder ante un ataque, la respuesta sigue siendo poco clara.

Eso no es una estrategia de seguridad. Es apostar a que nadie ataque.

Y en ciberseguridad, esa apuesta está destinada al fracaso.

El Plan Nacional de Ciberseguridad 2025–2030 no puede convertirse en otro documento que se presenta y después desaparece del debate público. Necesita presupuesto, responsables, metas, indicadores, auditorías y resultados verificables.

Porque si el Gobierno Federal quiere presumir que está construyendo un México más digital, también debe demostrar que está construyendo un México más seguro.

Hasta ahora, el mensaje que deja el Segundo Informe parece ser otro: mucho entusiasmo por construir el futuro digital y muy poca información sobre quién va a defenderlo.

Y esa no es una diferencia menor.

Es una vulnerabilidad estratégica.

México no puede pretender convertirse en una potencia tecnológica mientras mantiene la ciberseguridad relegada a un segundo plano. La verdadera soberanía no se demuestra únicamente por la capacidad de desarrollar tecnología propia, sino por la capacidad de protegerla y defenderla.

Porque la soberanía tecnológica no se demuestra cuando construimos la tecnología; se demuestra cuando somos capaces de defenderla.

Para más información, visite: https://www.silikn.net/